Técnicas básicas para escaladas fáceis e intermediárias para a prática do esquí e snow board.
"El esquí de montaña es el fruto del matrimonio de dos grandes deportes: el alpinismo y el esquí."
Arnold Lunn
MATERIAL
El material necesario en el esquí de montaña se diferencia ligeramente del utilizado en el esquí alpino y poco del utilizado en el alpinismo para uso personal:
Esquís: la mayoría de fabricantes han desarrollado modelos específicos para la práctica del esquí de montaña un tanto distintos de los de esquí alpino, de tipo compacto, buscando un equilibrio entre la ligereza, polivalencia y robustez. Normalmente se aconseja una longitud entre 5 y 35 cm por encima de la altura del esquiador para el esquiador experto y un tanto menor para el debutante, dependiendo del peso, el nivel técnico en descenso y los objetivos. Hay esquís que se desenvuelven mejor en nieves hondas y pesadas y otros en nieves duras o heladas. Es aconsejable buscar unos primeros esquís polivalentes, seguros y maniobrables y renovarlos con otros más especializados dentro de la gran gama existente en la actualidad, según nuestra práctica y presupuesto.
Fijaciones: es el elemento que mantiene unida la bota con el esquí, quedando la talonera libre en el ascenso y fijada en el descenso. En la actualidad hay numerosos modelos, algunos de máxima seguridad y más peso y otros de menor peso y seguridad. Hemos de buscar en ellas: seguridad, robustez, comodidad, amplio ángulo de giro del talón, materiales que soporten temperaturas extremas. Es muy importante ajustar su tensión según el nivel de esquí, peso y condiciones de la nieve, siendo la regulación un trámite fundamental para evitar accidentes.
Es muy útil que las fijaciones tengan o permitan acoplar alzas, compensadores o elevadores de talón, que sirven para disminuir la inclinación de la pendiente y permiten afrontar recorridos más directos. No olvidar un correa que una el esquí o fijación con la pierna del esquiador, que tiene la misión de retener a la tabla cuando salta la fijación y su localización en nieves profundas.
Cuchillas: son los crampones de los esquís. Son unas placas metálicas que permiten la progresión en terrenos de nieve dura o helada. Existen dos tipos, fijas al esquí o a la placa de la fijación. Las primeras ofrecen una mayor seguridad, ya que están permanentemente en contacto con la nieve, pero también una mayor resistencia al avance. Las segundas posibilitan un avance más rápido, ya que sólo contactan con la nieve cuando el pie está horizontal, a costa de una menor seguridad. La elección de un modelo de fijación determinará normalmente uno u otro tipo de cuchilla.
Piel de foca: Es una larga tira de material sintético que se acopla a la suela del esquí y permite la progresión en subida sin deslizarse hacia atrás. Actualmente todas son adhesivas, y debe escogerse aquellas con menor absorción de agua, mayor resistencia a la adherencia de nieve y que la anchura sea inferior a la del patín para que permita trabajar al canto metálico. Es útil para evitar que la nieve se enganche a ellas y forme los molestos panes de nieve llevar alguna cera o mejor aún, una vela, y encerarla cuando las condiciones lo requieran.
Botas: aquí cada usuario deberá primar a la comodidad en el ascenso y progresión (escogiendo unas botas blandas y ligeras) o bien un mayor agarre para el descenso (escogiendo unas más rígidas). Las suelas deben ir equipadas de suela Vibram y el botín ser caliente y confortable. En las primeras salidas las mismas botas de esquí alpino pueden servir, siempre que durante el recorrido no haya que descalzarse y caminar por terrenos difíciles.
Bastones: normalmente se utilizan de altura ligeramente superior a los de descenso. Deben ser robustos y ligeros, con arandelas anchas para la nieve honda y correas de seguridad para la muñeca. Los modernos modelos enroscables y plegables son extremadamente cómodos para transportar y muy adaptables en los distintos terrenos.
Para no precipitarse con la adquisición de un material no adecuado, en las primeras salidas puede alquilarse el equipo necesario en los comercios especializados o pedirse prestado a un amigo, y con la experiencia que se vaya adquiriendo se irá viendo cuales son los modelos que se adaptan a nuestras características y necesidades.
Material personal: prácticamente es el mismo que el utilizado en el alpinismo invernal o en el esquí alpino, utilizándose normalmente unos pantalones específicos un poco más elásticos. Aparte del material de abrigo normal, que debe ser superior al del usado en un día de pista, no debe olvidarse el necesario para proteger todas las extremidades, prestando atención a unos buenos calcetines, calientes y transpirables. Gorro, doble juego de guantes y un buen anorak no pueden faltar nunca. Es imprescindible no olvidar las gafas con cristales de calidad, cremas solares para proteger la piel, un mochila manejable y bien adaptada a la espalda, cantimplora, comida energética y botiquín de primeros auxilios.
Según el tipo de ascensión no deben olvidarse el piolet y los crampones (comprobar su adaptación a la suela de la bota). Para ascensiones de varios días y de mayor dificultad habrá que valorar la necesidad de llevar cordino o cuerda, arnés, mosquetones, tornillos de hielo, cintas, casco, pala para la nieve y ARVA (aparato para el rescate de las víctimas de avalancha) así como brújula y altímetro. La mochila debe tener previsto un sistema para atar cómodamente los esquís.
Normalmente la ascensión se llevará a cabo con los esquís en los pies. En el caso de no llevarlos puestos (falta de nieve, paso de terreno rocoso, nieve helada, cruce de un río) pueden llevarse atados a la mochila si el recorrido es largo, en la mano o el hombro si es breve o bien arrastrándolos con una baga que los una al cuerpo o a la mochila.
Cuando llevemos los esquís a los pies normalmente iremos con las pieles de foca puestas. La técnica consiste en progresar a un ritmo regular, uno detrás de otro, aprovechando y mejorando la traza abierta por el primero. Este tiene la responsabilidad de diseñar el recorrido, realizando una traza que se adapte al terreno, evitando las pendientes excesivamente pronunciadas o los tramos peligrosos y buscando el mejor sitio para ejecutar los giros. Esta debe ser constante, regular y segura. La traza es la firma que deja el montañero en la nieve y su calidad pone en evidencia su experiencia. Para adaptar la traza al terreno y ganar altura, habitualmente hay que recurrir a diferentes tipos de vueltas y giros. En pendientes suaves se recurrirá a un giro progresivo, que consiste en ir decantando suavemente los esquís hacia la dirección deseada. Cuando la inclinación no permita este giro progresivo se recurrirá al giro clásico, que no es más que una vuelta ejecutada en diferentes movimientos sucesivos parciales. Finalmente en terrenos en los que no podamos ejecutar ninguno de los giros anteriores recurriremos a la vuelta maría, el giro por excelencia del esquí de montaña. Poniendo los esquís horizontales a la pendiente y paralelos entre si, con los palos clavados uno cerca del cuerpo y el otro alejado levantaremos un esquí hasta girarlo completamente (180*) en la dirección deseada, quedando la cola del esquí junto a la espátula del otro. Seguidamente repetiremos la misma operación con el otro esquí, hasta que queden paralelos. Este giro puede practicarse cara a la montaña o bien cara a la pendiente. Es el giro básico, que debemos dominar a fondo. Conviene practicarlo en terrenos suave hasta que se convierta en una mecánica que permita realizarlo en terrenos de cualquier inclinación y con cualquier tipo de nieve con seguridad y rapidez.
Técnicas de Descenso
Las condiciones de la nieve, casi siempre virgen, los obstáculos imprevistos, la inclinación del terreno, la severidad del ambiente, el peso de la mochila y el cansancio acumulado durante la ascensión son factores que deben superarse y que exigen del esquiador de montaña un buen dominio de la técnica de descenso. El principio básico debe ser la seguridad por encima del estilo, evitando caídas que aumentan la fatiga y el riesgo de inoportunas lesiones. Simplificando podríamos decir que el esquiador que se adentre en la montaña debe ser capaz de bajar sin problemas por pistas negras, aún con nieves difíciles. Hay que recordar que no encontraremos nieve pisada por una retrac y para que el descenso no se convierta en un suplicio o se alargue excesivamente debemos desenvolvernos con agilidad.
* Viraje en Stemm-Christiania: Es un viraje que resulta de la evolución de lo que se denomina "viraje fundamental". Se parte en diagonal, con esquís paralelos. En el punto deseado se clava el bastón mientras se abre el esquí exterior al viraje cargando sobre él el peso. Se recoge el esquí interior mediante derrapaje o conducción hasta la posición de paralelo, iniciando una nueva diagonal. Es un viraje muy efectivo en cualquier tipo de nieve, incluso pendientes pronunciadas, siendo una buena alternativa para aquellos que no dominen la "godille".
* Esquí paralelo o simultáneo: es el esquí en "godille" o encadenamiento de virajes. El peso se reparte entre los dos esquís y el viraje se produce ayudado por el dinamismo o velocidad del descenso y gracias a la aligeración y cambio del peso sobre los esquís en el momento de girar. Esta aligeración se puede producir tanto con la extensión como la flexión de las piernas, mientras el tronco se dirige hacia la pendiente. El movimiento de bastones ayuda a marcar el ritmo. La velocidad se controla mediante el efecto de rebote y frenado de cada nuevo giro.
Es un tipo de esquí muy deportivo, exige buena condición física y bastante potencia cuando se trata de nieves muy profundas y pesadas. Es válido en casi todo tipo de nieves, especialmente en nieves polvo, profundas de cualquier tipo y nieve primavera. El cuerpo debe ir bien equilibrado sobre los esquís, vigilando siempre el lugar donde se carga el peso: delante con nieves duras, en el centro de las fijaciones con nieves polvo ligeras, desplazado hacia atrás o oscilando atrás-centro con nieves pesadas o muy profundas para evitar que se enganchen las espátulas. En nieves costra deben realizarse giros amplios y con suavidad, bien apoyado en las colas del esquí o mediante aligeramientos rápidos y decididos en una operación de flexión-recuperación. Este tipo de viraje es también muy apto y divertido con nieves transformadas, pudiendo combinarse con el derrapaje en cada giro de los dos esquís.
Un recurso poco académico pero seguro en la prevención de caídas (con nieves pesadas o grandes mochilas) es el viraje por flexión-extensión con apoyo sobre los dos bastones. Este tipo de apoyo resulta fundamental en pendientes de 40_ o más, pudiéndose combinar con salto y giro en el aire.
* Viraje alternativo: El esquí exterior conduce la trayectoria del viraje soportando todo el peso del esquiador. En el momento del viraje se cambia el peso al otro esquí, que volverá a ser el exterior. Se esquía con independencia de piernas, siendo el viraje fundamental del eslalom. Al mantener la independencia de pesos sobre los dos esquís se obtiene mayor estabilidad, permitiendo recuperar el equilibrio cuando se pierde en los cambios de nieve, protuberancias del terreno, etc. Es el viraje ideal para nieves costras, ventadas y cambiantes. Permite un excelente trabajo de los cantos del esquí y por tanto el óptimo control de la velocidad y el frenado en nieves duras y heladas.
Mal tiempo
-niebla:junto con la nieve convierte el terreno más familiar y conocido en un laberinto sin salida. No partir si es importante. Permanecer en el refugio o abrigo si es posible. No separarse en ningún caso del grupo, y si es necesario avanzar hacerlo con el mapa, altímetro y brújula, que deben saberse utilizar correctamente.
-tempestades de nieve, lluvia o viento: protegerse con las ropas adecuadas (el tejido gore-tex es el más idóneo), especialmente las extremidades y buscar refugio o descender al valle.
Es aconsejable informarse de la previsión meteorológica antes de afrontar cualquier salida y adaptarse a ella, renunciando en caso de duda o ante los primeros sintomas de empeoramiento.
Aludes
Son la
principal amenaza para el esquiador de montaña y originan la
mayor parte de accidentes mortales en esta disciplina. No hay mejor
solución que evitar este infierno blanco, pues las probabilidades
de salir ileso de un alud son escasas. En cualquier caso la posibilidad
de vida del alpinista disminuye en un 50% transcurrida la primera hora,
siendo aquí donde los ARVAS (aparato electrónico de detección
y rescate) han demostrado su eficacia, aunqué su utilización
en los Pirineos es aún minoritaria y su uso eficaz requiere un
entrenamiento previo y específico
Como normas de caracter general no debe emprenderse una ascensión después de nevadas importantes, dejando pasar unos días para que la nieve se asiente. Tampoco debe iniciarse una ascensión con cambios bruscos de temperaturas, que favorezcan el desprendimiento de nieve. Hay que intentar pasar por los lugares más expuestos antes del mediodía, cuando la temperatura no haya ablandado la nieve. Debe prestarse mucha atención a las placas de nieve provocadas por el viento, difíciles de detectar, pero que acostumbran a aparecer bajo las crestas, en las cercanías de los collados o en las inflexiones del terreno.
En caso de temer la aparición de un alud debe avanzarse separado, suficientemente distanciados los miembros del grupo, con las correas de seguridad desatadas. En la mayoría de macizos de España durante la temporada invernal se facilitan unas boletines sobre el peligro de aludes que el esquiador debe respetar siempre y adaptarse a el. Y nunca debe olvidarse la regla de oro para evitar un alud: en caso de duda mejor abstenrse, la montaña no se moverá de sitio y se podrá volver a intentar cuando haya mejores condiciones.
Accidentes
Las modernas
fijaciones han reducido enormemente las roturas de extremidades. En
cualquier caso si se produce alguna lo más aconsejable es abrigar
al herido y solicitar ayuda para proceder a una evacuación en
helicóptero. Para heridas menores es aconsejable llevar un pequeño
botiquín y poseer unas nociones elementales de primeros auxilios.
En caso de congelaciones debe procederse a la evacuación inmediata
del afectado, abrigando y calentando ligeramente la zona afectada, y
desechando métodos como las friegas de nieve, golpes o inmersiones
en agua. El desfallecimiento personal puede deberse a una deficiente
alimentación o a un entrenamiento insuficiente. Sus consecuencias
pueden ser muy delicadas y el mejor tratamiento es la prevención.
Debe cuidarse y estudiarse al máximo la dieta alimenticia, atendiendo
al esfuerzo a realizar y frío a soportar. Un entrenamiento previo
y progresivo, que asegure un buen fondo y resistencia, permitirá
disfrutar más de la ascensión y evitar situaciones peligrosas.
La nieve ya desde su precipitación no presenta las mismas condiciones, dependiendo de la temperatura tanto en las capas altas de la atmósfera como a nivel del suelo, de la presencia o no de viento y de la humedad relativa. Y aunque pudiera parecer siempre igual a los ojos del neófito, la realidad es que se conocen más de 100 cristalizaciones diferentes del blanco elemento. Después la temperatura y muy especialmente sus oscilaciones, la acción del sol, el viento y la niebla harán evolucionar al manto nivoso en un largo y complejo proceso de transformación. Estas condiciones ambientales son la causa de que los cristales de nieve redondeen sus aristas, pierdan agua y dejen menos lugar al aire, y poco a poco la nieve se compacte y endurezca. Distinguiremos los siguientes tipos de nieve:
Nieve polvo: La precipitación de nieve se produce sin viento y con bajas temperaturas. Se mantiene en este estado siempre que dure el frío, en caso contrario inicia su proceso de transformación rápidamente. A menor temperatura más ligera resulta. Es el sueño de todo esquiador, pero comporta serios riesgos de avalancha.
Nieve húmeda: La precipitación se produce con temperaturas suaves (cerca de 0°) o con vientos cálidos y húmedos. La acción de la lluvia y las temperaturas altas por radiación solar también pueden causar nieves pesadas. Puede ser muy profunda, suele adherirse a las pieles de foca y dificulta el deslizamiento al descenso. Es un tipo de nieve muy frecuente en nuestras latitudes.
Nieve costra: La costra ligera o de poco espesor se forma por la acción del viento, llamándose también nieve "ventada". Si la ación del viento ha sido suficientemente enérgica puede formar ondulaciones e irregularidades endurecidas en la capa superficial. La costra de espesor mayor, que puede o no quebrarse con el paso del esquiador, tiene su causa en las heladas nocturnas, después del calentamiento de una vertiente causado por el sol en la jornada precedente. Son las nieves más difíciles e incómodas de esquiar.
Nieve dura: Se forma por una acción continuada y regular del viento sobre nieves estabilizadas o por fuertes heladas, después de días calurosos. En este último caso el proceso es similar al de nieve costra pero afecta a la capa de nieve en mayor profundidad. En cierto modo reproduce en poco tiempo el proceso de transformación-compactación de la nieve. Atendiendo a la pendiente y técnica del montañero-esquiador puede ser aconsejable negociarlas con grampones.
Nieve transformada: Es la también denominada "nieve primavera", dura por la mañana y pesada y lenta a medida que avanza el día. Es la consecuencia de la acción combinada, durante muchas jornadas, del calentamiento de la nieve de día y el enfriamiento por la noche. Esta calidad de nieve, ya asentada y con buena base, es frecuente a medida que avanza la temporada, resulta de buen esquiar y permite una buena prevención de los aludes. Aconseja, sin embargo, madrugar para disfrutar de los descensos, no en vano se la conoce también como "rompepiernas", por lo pesada y traidora que puede resultar hacia las horas de mediodía.
* La naturaleza del terreno: tanto referida a su inclinación (las pendientes entre 15º y 45º son las de mayor riesgo) y orografía general (amplias palas, canales, etc), como al tipo de superficie (más o menos lisa según sea hierba, losas, terreno húmedo, canchales de piedras, etc).
* La naturaleza de la nieve: puesto que la inestabilidad de la nieve aumenta también con la cantidad y calidad. Las capas de nieve de espesor considerable y las nieves frescas (polvo y mojadas) son las más inestables. Debe atenderse también al ritmo de innivación, puesto que la caída de nieve nueva sobre una capa antigua, ya compactada y endurecida, supone un impedimento para la cohesión de ambas masas de nieve y, por tanto, un alto riesgo de deslizamiento de la capa superior.
* La temperatura: el aumento de temperatura humedece la nieve, haciéndola más pesada. El frío y la alternancia de temperaturas, la estabiliza, favoreciendo la cohesión entre los cristales de nieve.
Desencadenamiento:
* Causas espontáneas: caídas de nieve o lluvia, vibraciones del aire, pérdida de la cohesión de los cristales de nieve durante el deshielo por aumento de las temperaturas, por contrac-ción y resquebrajamiento de la masa de nieve al helar de nuevo...
* Causas provocadas: al sobrecargar la pendiente con el paso de personas, caídas de piedra o hielo, etc.
Tipos:
Pueden establecerse dos grandes tipos de aludes: los de superficie (desliza la capa superior de nieve) y los de fondo. Aten-diendo a la calidad de la nieve hablamos de:
* Nieve polvo: alud de invierno. Generalmente en pendientes muy pronunciadas, después de una nevada. De carácter imprevisto es extremadamente rápido (desde 70 km/h hasta 300 km/h). Vuela en torbellinos, hace un ruido ensordecedor y lo precede un violentísimo soplo. Densidad de 1kg por metro cúbico. Tiene un efecto devastador. Puede causar asfixia en el montañero atrapado por penetración de la nieve polvo en los bronquios.
* Nieve húmeda: típico alud de los periodos de elevación de temperaturas. Empieza de superficie pero puede acabar siendo de fondo. Más lento que el de nieve polvo, baja rodando. Su peso es superior y produce efectos de aplastamiento. Al detenerse se endurece instantaneamente adoptando la consistencia del yeso.
* Nieve mojada o primavera: es un alud casi siempre de fondo, que aparece casi siempre en los mismos lugares. Aunque es típico de primavera puede producirse en invierno en caso de lluvia. Avanza con lentitud (20 km/h) y tiene una fuerza considerable. Unmetro cúbico de esta nieve pesa cerca de 1 Tonelada. Al para también se endurece.
* De placa: es un alud de superficie muy peligroso dado su carácter imprevisto. Se trata de desprendimientos de nieve apretada superficialmente, por la acción del viento, y no adherida a la capa subyacente, de la que está separada por una capa de aire. Si se golpean suenan a hueco. Se desprenden por ruptura de su equilibrio mecánico. La densidad varía entre 250-400 kg por metro cúbico. Entraña riesgo tanto la fuerza de sus bloques como la posibilidad de que origine un alud de mayores proporciones.
La ruptura de cornisas y el desprendimiento de séracs puede tener efectos similares.
Advertencias y consideraciones generales:
No hay otra solución que la prevención, de forma que el buen esquiador de montaña adapte sus planes a la predicción de aludes.
La complejidad en la predicción de aludes es grande, pero se puede aceptar que la peligrosidad es evidenete en las siguientes situaciones:
- Después de una nevada, en especial si el grosor supera los 40 cm. Es aconsejable esperar un mínimo de 24-48 horas.
- Después de las horas de calor y con tiempo primaveral, se debe salir temprano, y después de lluvias.
- Las pendientes de 30º o más con nieves frescas y primavera.
- Las nevadas con viento que pueden causar proliferación de placas.
Es norma general atender a las condiciones de cada zona, la evolución de la innivación de cada temporada, los partes meteorológicos y las cada vez más frecuentes predicciones de aludes (en escalas de peligrosidad del 1 al 8). La elección de cada itinerario debería tener siempre en cuenta el riesgo de aludes como un factor prioritario.
"El esquí de montaña es el fruto del matrimonio de dos grandes deportes: el alpinismo y el esquí."
Arnold Lunn
MATERIAL
El material necesario en el esquí de montaña se diferencia ligeramente del utilizado en el esquí alpino y poco del utilizado en el alpinismo para uso personal:
Esquís: la mayoría de fabricantes han desarrollado modelos específicos para la práctica del esquí de montaña un tanto distintos de los de esquí alpino, de tipo compacto, buscando un equilibrio entre la ligereza, polivalencia y robustez. Normalmente se aconseja una longitud entre 5 y 35 cm por encima de la altura del esquiador para el esquiador experto y un tanto menor para el debutante, dependiendo del peso, el nivel técnico en descenso y los objetivos. Hay esquís que se desenvuelven mejor en nieves hondas y pesadas y otros en nieves duras o heladas. Es aconsejable buscar unos primeros esquís polivalentes, seguros y maniobrables y renovarlos con otros más especializados dentro de la gran gama existente en la actualidad, según nuestra práctica y presupuesto.
Fijaciones: es el elemento que mantiene unida la bota con el esquí, quedando la talonera libre en el ascenso y fijada en el descenso. En la actualidad hay numerosos modelos, algunos de máxima seguridad y más peso y otros de menor peso y seguridad. Hemos de buscar en ellas: seguridad, robustez, comodidad, amplio ángulo de giro del talón, materiales que soporten temperaturas extremas. Es muy importante ajustar su tensión según el nivel de esquí, peso y condiciones de la nieve, siendo la regulación un trámite fundamental para evitar accidentes.
Es muy útil que las fijaciones tengan o permitan acoplar alzas, compensadores o elevadores de talón, que sirven para disminuir la inclinación de la pendiente y permiten afrontar recorridos más directos. No olvidar un correa que una el esquí o fijación con la pierna del esquiador, que tiene la misión de retener a la tabla cuando salta la fijación y su localización en nieves profundas.
Cuchillas: son los crampones de los esquís. Son unas placas metálicas que permiten la progresión en terrenos de nieve dura o helada. Existen dos tipos, fijas al esquí o a la placa de la fijación. Las primeras ofrecen una mayor seguridad, ya que están permanentemente en contacto con la nieve, pero también una mayor resistencia al avance. Las segundas posibilitan un avance más rápido, ya que sólo contactan con la nieve cuando el pie está horizontal, a costa de una menor seguridad. La elección de un modelo de fijación determinará normalmente uno u otro tipo de cuchilla.
Piel de foca: Es una larga tira de material sintético que se acopla a la suela del esquí y permite la progresión en subida sin deslizarse hacia atrás. Actualmente todas son adhesivas, y debe escogerse aquellas con menor absorción de agua, mayor resistencia a la adherencia de nieve y que la anchura sea inferior a la del patín para que permita trabajar al canto metálico. Es útil para evitar que la nieve se enganche a ellas y forme los molestos panes de nieve llevar alguna cera o mejor aún, una vela, y encerarla cuando las condiciones lo requieran.
Botas: aquí cada usuario deberá primar a la comodidad en el ascenso y progresión (escogiendo unas botas blandas y ligeras) o bien un mayor agarre para el descenso (escogiendo unas más rígidas). Las suelas deben ir equipadas de suela Vibram y el botín ser caliente y confortable. En las primeras salidas las mismas botas de esquí alpino pueden servir, siempre que durante el recorrido no haya que descalzarse y caminar por terrenos difíciles.
Bastones: normalmente se utilizan de altura ligeramente superior a los de descenso. Deben ser robustos y ligeros, con arandelas anchas para la nieve honda y correas de seguridad para la muñeca. Los modernos modelos enroscables y plegables son extremadamente cómodos para transportar y muy adaptables en los distintos terrenos.
Para no precipitarse con la adquisición de un material no adecuado, en las primeras salidas puede alquilarse el equipo necesario en los comercios especializados o pedirse prestado a un amigo, y con la experiencia que se vaya adquiriendo se irá viendo cuales son los modelos que se adaptan a nuestras características y necesidades.
Material personal: prácticamente es el mismo que el utilizado en el alpinismo invernal o en el esquí alpino, utilizándose normalmente unos pantalones específicos un poco más elásticos. Aparte del material de abrigo normal, que debe ser superior al del usado en un día de pista, no debe olvidarse el necesario para proteger todas las extremidades, prestando atención a unos buenos calcetines, calientes y transpirables. Gorro, doble juego de guantes y un buen anorak no pueden faltar nunca. Es imprescindible no olvidar las gafas con cristales de calidad, cremas solares para proteger la piel, un mochila manejable y bien adaptada a la espalda, cantimplora, comida energética y botiquín de primeros auxilios.
Según el tipo de ascensión no deben olvidarse el piolet y los crampones (comprobar su adaptación a la suela de la bota). Para ascensiones de varios días y de mayor dificultad habrá que valorar la necesidad de llevar cordino o cuerda, arnés, mosquetones, tornillos de hielo, cintas, casco, pala para la nieve y ARVA (aparato para el rescate de las víctimas de avalancha) así como brújula y altímetro. La mochila debe tener previsto un sistema para atar cómodamente los esquís.
TECNICAS DE PROGRESION Y DESCENSO
Durante
la ascensiónNormalmente la ascensión se llevará a cabo con los esquís en los pies. En el caso de no llevarlos puestos (falta de nieve, paso de terreno rocoso, nieve helada, cruce de un río) pueden llevarse atados a la mochila si el recorrido es largo, en la mano o el hombro si es breve o bien arrastrándolos con una baga que los una al cuerpo o a la mochila.
Cuando llevemos los esquís a los pies normalmente iremos con las pieles de foca puestas. La técnica consiste en progresar a un ritmo regular, uno detrás de otro, aprovechando y mejorando la traza abierta por el primero. Este tiene la responsabilidad de diseñar el recorrido, realizando una traza que se adapte al terreno, evitando las pendientes excesivamente pronunciadas o los tramos peligrosos y buscando el mejor sitio para ejecutar los giros. Esta debe ser constante, regular y segura. La traza es la firma que deja el montañero en la nieve y su calidad pone en evidencia su experiencia. Para adaptar la traza al terreno y ganar altura, habitualmente hay que recurrir a diferentes tipos de vueltas y giros. En pendientes suaves se recurrirá a un giro progresivo, que consiste en ir decantando suavemente los esquís hacia la dirección deseada. Cuando la inclinación no permita este giro progresivo se recurrirá al giro clásico, que no es más que una vuelta ejecutada en diferentes movimientos sucesivos parciales. Finalmente en terrenos en los que no podamos ejecutar ninguno de los giros anteriores recurriremos a la vuelta maría, el giro por excelencia del esquí de montaña. Poniendo los esquís horizontales a la pendiente y paralelos entre si, con los palos clavados uno cerca del cuerpo y el otro alejado levantaremos un esquí hasta girarlo completamente (180*) en la dirección deseada, quedando la cola del esquí junto a la espátula del otro. Seguidamente repetiremos la misma operación con el otro esquí, hasta que queden paralelos. Este giro puede practicarse cara a la montaña o bien cara a la pendiente. Es el giro básico, que debemos dominar a fondo. Conviene practicarlo en terrenos suave hasta que se convierta en una mecánica que permita realizarlo en terrenos de cualquier inclinación y con cualquier tipo de nieve con seguridad y rapidez.
Técnicas de Descenso
Las condiciones de la nieve, casi siempre virgen, los obstáculos imprevistos, la inclinación del terreno, la severidad del ambiente, el peso de la mochila y el cansancio acumulado durante la ascensión son factores que deben superarse y que exigen del esquiador de montaña un buen dominio de la técnica de descenso. El principio básico debe ser la seguridad por encima del estilo, evitando caídas que aumentan la fatiga y el riesgo de inoportunas lesiones. Simplificando podríamos decir que el esquiador que se adentre en la montaña debe ser capaz de bajar sin problemas por pistas negras, aún con nieves difíciles. Hay que recordar que no encontraremos nieve pisada por una retrac y para que el descenso no se convierta en un suplicio o se alargue excesivamente debemos desenvolvernos con agilidad.
* Viraje en Stemm-Christiania: Es un viraje que resulta de la evolución de lo que se denomina "viraje fundamental". Se parte en diagonal, con esquís paralelos. En el punto deseado se clava el bastón mientras se abre el esquí exterior al viraje cargando sobre él el peso. Se recoge el esquí interior mediante derrapaje o conducción hasta la posición de paralelo, iniciando una nueva diagonal. Es un viraje muy efectivo en cualquier tipo de nieve, incluso pendientes pronunciadas, siendo una buena alternativa para aquellos que no dominen la "godille".
* Esquí paralelo o simultáneo: es el esquí en "godille" o encadenamiento de virajes. El peso se reparte entre los dos esquís y el viraje se produce ayudado por el dinamismo o velocidad del descenso y gracias a la aligeración y cambio del peso sobre los esquís en el momento de girar. Esta aligeración se puede producir tanto con la extensión como la flexión de las piernas, mientras el tronco se dirige hacia la pendiente. El movimiento de bastones ayuda a marcar el ritmo. La velocidad se controla mediante el efecto de rebote y frenado de cada nuevo giro.
Es un tipo de esquí muy deportivo, exige buena condición física y bastante potencia cuando se trata de nieves muy profundas y pesadas. Es válido en casi todo tipo de nieves, especialmente en nieves polvo, profundas de cualquier tipo y nieve primavera. El cuerpo debe ir bien equilibrado sobre los esquís, vigilando siempre el lugar donde se carga el peso: delante con nieves duras, en el centro de las fijaciones con nieves polvo ligeras, desplazado hacia atrás o oscilando atrás-centro con nieves pesadas o muy profundas para evitar que se enganchen las espátulas. En nieves costra deben realizarse giros amplios y con suavidad, bien apoyado en las colas del esquí o mediante aligeramientos rápidos y decididos en una operación de flexión-recuperación. Este tipo de viraje es también muy apto y divertido con nieves transformadas, pudiendo combinarse con el derrapaje en cada giro de los dos esquís.
Un recurso poco académico pero seguro en la prevención de caídas (con nieves pesadas o grandes mochilas) es el viraje por flexión-extensión con apoyo sobre los dos bastones. Este tipo de apoyo resulta fundamental en pendientes de 40_ o más, pudiéndose combinar con salto y giro en el aire.
* Viraje alternativo: El esquí exterior conduce la trayectoria del viraje soportando todo el peso del esquiador. En el momento del viraje se cambia el peso al otro esquí, que volverá a ser el exterior. Se esquía con independencia de piernas, siendo el viraje fundamental del eslalom. Al mantener la independencia de pesos sobre los dos esquís se obtiene mayor estabilidad, permitiendo recuperar el equilibrio cuando se pierde en los cambios de nieve, protuberancias del terreno, etc. Es el viraje ideal para nieves costras, ventadas y cambiantes. Permite un excelente trabajo de los cantos del esquí y por tanto el óptimo control de la velocidad y el frenado en nieves duras y heladas.
PELIGROS DE LA MONTAÑA INVERNAL
La alta
montaña invernal presenta una serie de dificultades y peligros
que deben afrontarse con la mayor prudencia, sin tener ningún
reparo en abandonar una ascensión si las condiciones no son aconsejables.
En caso de carecer de experiencia en la alta montaña invernal,
aún siendo un excelente esquiador de pista, lo más aconsejable
es iniciarse de la mano de algún amigo o conocido experto o bien
con algún guía o curso de iniciación organizado
por cualquier centro excursionista o la Federación de Montaña
territorial más cercana. Lejos de la estación de esquí
las dificultades y peligros aumentan considerablemente, y sin los conocimientos
y experiencia necesaria el riesgo que inconcientemente se asume a veces
puede ser muy elevado. La montaña invernal es muy exigente, expuesta
y totalmente desaconsejable a esquiadores inexpertos.Mal tiempo
-niebla:junto con la nieve convierte el terreno más familiar y conocido en un laberinto sin salida. No partir si es importante. Permanecer en el refugio o abrigo si es posible. No separarse en ningún caso del grupo, y si es necesario avanzar hacerlo con el mapa, altímetro y brújula, que deben saberse utilizar correctamente.
-tempestades de nieve, lluvia o viento: protegerse con las ropas adecuadas (el tejido gore-tex es el más idóneo), especialmente las extremidades y buscar refugio o descender al valle.
Es aconsejable informarse de la previsión meteorológica antes de afrontar cualquier salida y adaptarse a ella, renunciando en caso de duda o ante los primeros sintomas de empeoramiento.
Aludes
Como normas de caracter general no debe emprenderse una ascensión después de nevadas importantes, dejando pasar unos días para que la nieve se asiente. Tampoco debe iniciarse una ascensión con cambios bruscos de temperaturas, que favorezcan el desprendimiento de nieve. Hay que intentar pasar por los lugares más expuestos antes del mediodía, cuando la temperatura no haya ablandado la nieve. Debe prestarse mucha atención a las placas de nieve provocadas por el viento, difíciles de detectar, pero que acostumbran a aparecer bajo las crestas, en las cercanías de los collados o en las inflexiones del terreno.
En caso de temer la aparición de un alud debe avanzarse separado, suficientemente distanciados los miembros del grupo, con las correas de seguridad desatadas. En la mayoría de macizos de España durante la temporada invernal se facilitan unas boletines sobre el peligro de aludes que el esquiador debe respetar siempre y adaptarse a el. Y nunca debe olvidarse la regla de oro para evitar un alud: en caso de duda mejor abstenrse, la montaña no se moverá de sitio y se podrá volver a intentar cuando haya mejores condiciones.
Accidentes
DIFERENTES
TIPOS DE NIEVE.
El buen
conocimiento de la nieve es importante para quien se dedique al esquí
de montaña, facilitando el adecuado trazado del itinerario, la
prevención de los aludes y la anticipación necesaria en
todo descenso; con cierta experiencia se distinguirá su calidad
atendiendo al color, brillo y textura.La nieve ya desde su precipitación no presenta las mismas condiciones, dependiendo de la temperatura tanto en las capas altas de la atmósfera como a nivel del suelo, de la presencia o no de viento y de la humedad relativa. Y aunque pudiera parecer siempre igual a los ojos del neófito, la realidad es que se conocen más de 100 cristalizaciones diferentes del blanco elemento. Después la temperatura y muy especialmente sus oscilaciones, la acción del sol, el viento y la niebla harán evolucionar al manto nivoso en un largo y complejo proceso de transformación. Estas condiciones ambientales son la causa de que los cristales de nieve redondeen sus aristas, pierdan agua y dejen menos lugar al aire, y poco a poco la nieve se compacte y endurezca. Distinguiremos los siguientes tipos de nieve:
Nieve polvo: La precipitación de nieve se produce sin viento y con bajas temperaturas. Se mantiene en este estado siempre que dure el frío, en caso contrario inicia su proceso de transformación rápidamente. A menor temperatura más ligera resulta. Es el sueño de todo esquiador, pero comporta serios riesgos de avalancha.
Nieve húmeda: La precipitación se produce con temperaturas suaves (cerca de 0°) o con vientos cálidos y húmedos. La acción de la lluvia y las temperaturas altas por radiación solar también pueden causar nieves pesadas. Puede ser muy profunda, suele adherirse a las pieles de foca y dificulta el deslizamiento al descenso. Es un tipo de nieve muy frecuente en nuestras latitudes.
Nieve costra: La costra ligera o de poco espesor se forma por la acción del viento, llamándose también nieve "ventada". Si la ación del viento ha sido suficientemente enérgica puede formar ondulaciones e irregularidades endurecidas en la capa superficial. La costra de espesor mayor, que puede o no quebrarse con el paso del esquiador, tiene su causa en las heladas nocturnas, después del calentamiento de una vertiente causado por el sol en la jornada precedente. Son las nieves más difíciles e incómodas de esquiar.
Nieve dura: Se forma por una acción continuada y regular del viento sobre nieves estabilizadas o por fuertes heladas, después de días calurosos. En este último caso el proceso es similar al de nieve costra pero afecta a la capa de nieve en mayor profundidad. En cierto modo reproduce en poco tiempo el proceso de transformación-compactación de la nieve. Atendiendo a la pendiente y técnica del montañero-esquiador puede ser aconsejable negociarlas con grampones.
Nieve transformada: Es la también denominada "nieve primavera", dura por la mañana y pesada y lenta a medida que avanza el día. Es la consecuencia de la acción combinada, durante muchas jornadas, del calentamiento de la nieve de día y el enfriamiento por la noche. Esta calidad de nieve, ya asentada y con buena base, es frecuente a medida que avanza la temporada, resulta de buen esquiar y permite una buena prevención de los aludes. Aconseja, sin embargo, madrugar para disfrutar de los descensos, no en vano se la conoce también como "rompepiernas", por lo pesada y traidora que puede resultar hacia las horas de mediodía.
ALUDES
Alud se
define como el deslizamiento de una capa de nieve sobre una distancia
mayor de 50 metros. En la formación de un alud influyen fundamentalmente
3 factores:* La naturaleza del terreno: tanto referida a su inclinación (las pendientes entre 15º y 45º son las de mayor riesgo) y orografía general (amplias palas, canales, etc), como al tipo de superficie (más o menos lisa según sea hierba, losas, terreno húmedo, canchales de piedras, etc).
* La naturaleza de la nieve: puesto que la inestabilidad de la nieve aumenta también con la cantidad y calidad. Las capas de nieve de espesor considerable y las nieves frescas (polvo y mojadas) son las más inestables. Debe atenderse también al ritmo de innivación, puesto que la caída de nieve nueva sobre una capa antigua, ya compactada y endurecida, supone un impedimento para la cohesión de ambas masas de nieve y, por tanto, un alto riesgo de deslizamiento de la capa superior.
* La temperatura: el aumento de temperatura humedece la nieve, haciéndola más pesada. El frío y la alternancia de temperaturas, la estabiliza, favoreciendo la cohesión entre los cristales de nieve.
Desencadenamiento:
* Causas espontáneas: caídas de nieve o lluvia, vibraciones del aire, pérdida de la cohesión de los cristales de nieve durante el deshielo por aumento de las temperaturas, por contrac-ción y resquebrajamiento de la masa de nieve al helar de nuevo...
* Causas provocadas: al sobrecargar la pendiente con el paso de personas, caídas de piedra o hielo, etc.
Tipos:
Pueden establecerse dos grandes tipos de aludes: los de superficie (desliza la capa superior de nieve) y los de fondo. Aten-diendo a la calidad de la nieve hablamos de:
* Nieve polvo: alud de invierno. Generalmente en pendientes muy pronunciadas, después de una nevada. De carácter imprevisto es extremadamente rápido (desde 70 km/h hasta 300 km/h). Vuela en torbellinos, hace un ruido ensordecedor y lo precede un violentísimo soplo. Densidad de 1kg por metro cúbico. Tiene un efecto devastador. Puede causar asfixia en el montañero atrapado por penetración de la nieve polvo en los bronquios.
* Nieve húmeda: típico alud de los periodos de elevación de temperaturas. Empieza de superficie pero puede acabar siendo de fondo. Más lento que el de nieve polvo, baja rodando. Su peso es superior y produce efectos de aplastamiento. Al detenerse se endurece instantaneamente adoptando la consistencia del yeso.
* Nieve mojada o primavera: es un alud casi siempre de fondo, que aparece casi siempre en los mismos lugares. Aunque es típico de primavera puede producirse en invierno en caso de lluvia. Avanza con lentitud (20 km/h) y tiene una fuerza considerable. Unmetro cúbico de esta nieve pesa cerca de 1 Tonelada. Al para también se endurece.
* De placa: es un alud de superficie muy peligroso dado su carácter imprevisto. Se trata de desprendimientos de nieve apretada superficialmente, por la acción del viento, y no adherida a la capa subyacente, de la que está separada por una capa de aire. Si se golpean suenan a hueco. Se desprenden por ruptura de su equilibrio mecánico. La densidad varía entre 250-400 kg por metro cúbico. Entraña riesgo tanto la fuerza de sus bloques como la posibilidad de que origine un alud de mayores proporciones.
La ruptura de cornisas y el desprendimiento de séracs puede tener efectos similares.
Advertencias y consideraciones generales:
No hay otra solución que la prevención, de forma que el buen esquiador de montaña adapte sus planes a la predicción de aludes.
La complejidad en la predicción de aludes es grande, pero se puede aceptar que la peligrosidad es evidenete en las siguientes situaciones:
- Después de una nevada, en especial si el grosor supera los 40 cm. Es aconsejable esperar un mínimo de 24-48 horas.
- Después de las horas de calor y con tiempo primaveral, se debe salir temprano, y después de lluvias.
- Las pendientes de 30º o más con nieves frescas y primavera.
- Las nevadas con viento que pueden causar proliferación de placas.
Es norma general atender a las condiciones de cada zona, la evolución de la innivación de cada temporada, los partes meteorológicos y las cada vez más frecuentes predicciones de aludes (en escalas de peligrosidad del 1 al 8). La elección de cada itinerario debería tener siempre en cuenta el riesgo de aludes como un factor prioritario.
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